Lento

Hay quien hace de la frase “que paren el mundo, que yo me bajo” toda una filosofía de vida. Los hay de hecho, que viven de ello. Y es que en este mundo loco, de comida basura y gente apresurada, la moda de lo lento vuelve con fuerza.

Hace unos años el término slow food se inventó para referirse a esas comidas caseras, preparadas con amor e ingeridas con tiempo y sobremesa, esos cociditos madrileños, esas paellas valencianas… Como decía Paul Newman ¿quién quiere una hamburguesa fuera de casa cuando en casa tienes un solomillo?

Ahora se reinventa todo lo demás. La tendencia “slow” llega hasta la moda e incluso más allá.

¿Harto ya de que la ropa no te dure ni una temporada? ¿Hasta las narices de los must, de los básicos y de los fondos de armario que cambian cada diez minutos? ¿Sabías que en el Reino Unido se vende un pantalón vaquero cada tres segundos? ¿A veces piensas que ojalá alguna camiseta te durara más de un verano? Lo tuyo es la slow fashion. En contrapartida a las grandes marcas de ropa, que son capaces pasar del diseño de un nuevo producto hasta su distribución en tienda en sólo 12 días, la tendencia a comprar ropa algo má duradera se está convirtiendo en otro “must” para tu guardarropa.

La tendencia, como todo lo que es fashion en el mundo de la moda viene por supuesto de Italia, aunque aquí también tenemos nuestros propios representantes. Y su sello de identidad, además de la confección de prendas duraderas, que puedan heredarse como los vestidos de las tatarabuelas o al menos como cuando en mi infancia pasaban de hermano a hermano y de allí a un primo y al hermano del primo y así hasta casi el infinito, es por supesto el “environment friendly”. Y es que lo sostenible vende.

Pero aún hay más. Porque, ¿dónde vas a meter toda tu ropa slow fashion si no es en un slow armario en una slow home? Este movimiento arquitectónico afirma que la mayor parte de nuestras casas están mal construidas, son anti-ecológicas y además poco eficientes y por tanto insanas. Los arquitectos impulsores de este tipo de construcción, John Brown y Matthew North, aseguran que con la slow home protegemos al medioambiente, la relación calidad/precio de nuestra vivienda es mejor y además de ser modernos y sostenibles, estamos más cómodos.

¿Te ha gustado? Pues apúntate a la moda lenta… sin correr.

“Mindfulness” para vivir mejor

Seguro que alguna vez te has visto manteniendo una conversación con alguien y desconectando hasta el punto de hacer, mentalmente, la lista de la compra. O, quizás, te has dado cuenta de que mientras ves una película desde el sofá de tu casa estás repasando la agenda del día siguiente en la oficina. Seguro que te has visto en alguna situación en la que tu mente es una avalancha de asuntos pendientes, tareas por realizar y obligaciones en lo que tratas de hacer algo tan doméstico como calentar un vaso de leche. Esta incapacidad de desconexión acaba pasando una alta factura, eso que llaman estrés y que ya no sólo repercute en tu estado psicológico sino, además, en el físico. Tratar de cambiar el chip se dice con facilidad y es algo más complicado de aplicar. Para aliarse con esa necesidad, existe una nueva corriente psicológica que desembarca desde Estados Unidos con resultados más que positivos: el mindfulness no es sólo una filosofía de vida sino, además, un vehículo conductor que ayuda a la concentración plena para poder equilibrar nuestras emociones. En España, comienza a dar sus primeros pasos y ya cuenta incluso con libro-guía práctica para profundizar un poco más.

Tiene algo de filosofía budista y mucho de meditación que, pese a las apariencias poco científicas, se ha demostrado como una importante respuesta no médica para los tratamientos –por ejemplo- del dolor crónico. Meditar no es sólo sentarse a ver pasar el rato sino, además, una herramienta que se ha demostrado científicamente como clave para hacer más eficiente nuestro cerebro. Así que, puestos a intentarlo, sepamos algunas de las pautas básicas para tratar de poner esta técnica en práctica. Para comenzar, no necesitamos ni un espacio determinado ni un entorno en soledad, sino que podemos ponerlo en práctica en cualquier parte y en cualquier situación. El punto de partida de nuestra meditación es, simplemente, ponerle atención en todas aquéllas cosas que forman parte de nuestro presente al tiempo que mantenemos una respiración constante y pausada.

No hablamos de contextualizarnos en nuestras circunstancias sino, más bien, de prestar atención a aquello que hacemos por rutinario que sea: desde tomarnos un café hasta tender una lavadora. Una atención que nos permitirá vivir activamente cada instante más allá de todo lo demás que nos rodee, apreciando cada pequeño detalle y sin emitir juicios. Podríamos decir que se trata de un “carpe diem” moderno y doméstico, sí. Pero por extraño que pueda parecer, el mindfulness se ha consolidado ya al otro lado del Atlántico como una herramienta única para el consumo racional de nuestra vida. Un consumo que, pese a no dar la felicidad, si ayuda a conseguirla.