“Mindfulness” para vivir mejor

Seguro que alguna vez te has visto manteniendo una conversación con alguien y desconectando hasta el punto de hacer, mentalmente, la lista de la compra. O, quizás, te has dado cuenta de que mientras ves una película desde el sofá de tu casa estás repasando la agenda del día siguiente en la oficina. Seguro que te has visto en alguna situación en la que tu mente es una avalancha de asuntos pendientes, tareas por realizar y obligaciones en lo que tratas de hacer algo tan doméstico como calentar un vaso de leche. Esta incapacidad de desconexión acaba pasando una alta factura, eso que llaman estrés y que ya no sólo repercute en tu estado psicológico sino, además, en el físico. Tratar de cambiar el chip se dice con facilidad y es algo más complicado de aplicar. Para aliarse con esa necesidad, existe una nueva corriente psicológica que desembarca desde Estados Unidos con resultados más que positivos: el mindfulness no es sólo una filosofía de vida sino, además, un vehículo conductor que ayuda a la concentración plena para poder equilibrar nuestras emociones. En España, comienza a dar sus primeros pasos y ya cuenta incluso con libro-guía práctica para profundizar un poco más.

Tiene algo de filosofía budista y mucho de meditación que, pese a las apariencias poco científicas, se ha demostrado como una importante respuesta no médica para los tratamientos –por ejemplo- del dolor crónico. Así que, puestos a intentarlo, sepamos algunas de las pautas básicas para tratar de poner esta técnica en práctica. Para comenzar, no necesitamos ni un espacio determinado ni un entorno en soledad, sino que podemos ponerlo en práctica en cualquier parte y en cualquier situación. El punto de partida de nuestra meditación es, simplemente, ponerle atención en todas aquéllas cosas que forman parte de nuestro presente al tiempo que mantenemos una respiración constante y pausada.

No hablamos de contextualizarnos en nuestras circunstancias sino, más bien, de prestar atención a aquello que hacemos por rutinario que sea: desde tomarnos un café hasta tender una lavadora. Una atención que nos permitirá vivir activamente cada instante más allá de todo lo demás que nos rodee, apreciando cada pequeño detalle y sin emitir juicios. Podríamos decir que se trata de un “carpe diem” moderno y doméstico, sí. Pero por extraño que pueda parecer, el mindfulness se ha consolidado ya al otro lado del Atlántico como una herramienta única para el consumo racional de nuestra vida. Un consumo que, pese a no dar la felicidad, si ayuda a conseguirla.